Autor/a: Observatorio Vasco del Tercer Sector Social
Nº Breve: 11/2023

“No hay nada más desigual e injusto que tratar  igualitariamente dos situaciones que, de partida, son diferentes”  (Fundación Mujeres)

 

La sociedad está experimentando cambios a diferentes niveles en los últimos años. Uno de los más reseñables es la firme apuesta que se está realizando por la igualdad entre mujeres y hombres desde diferentes ámbitos. El Tercer Sector Social de Euskadi (en adelante, TSSE), no se ha quedado atrás en esta cuestión: mantiene un fuerte compromiso con la igualdad de género que reivindica a través de su identidad, trayectoria y actividad. Mediante este breve queremos invitaros a reflexionar sobre la incorporación de la perspectiva de género en el TSSE y ofrecer algunas claves a tener en cuenta.

Según datos del Barómetro del TSSE de 2021, la mayor parte de las organizaciones (el 83,5%) compagina la provisión de servicios con otras funciones sociales vinculadas con la sensibilización y la defensa de derechos sociales. A través de la provisión de servicios y otras funciones sociales, las organizaciones dan respuesta a las necesidades sociales existentes y acercan recursos a la población con necesidades, facilitando el acceso a los mismos.

Basándonos en los datos expuestos en el Libro blanco de 2020, el TSSE es claramente un sector feminizado en el que las mujeres no son sólo el perfil más atendido (57,18%) sino que, además el 70,5% de las personas que desarrollan su labor profesional en él son mujeres y el 66,5% de las personas que realizan voluntariado también lo son.

Sin embargo, el TSSE no solo es un sector altamente feminizado, sino que se trata de un sector caracterizado por la diversidad de entidades que lo conforman (tamaño, trayectoria, colectivo atendido…) y por la heterogeneidad de problemáticas a las que se intenta dar respuesta. Esto complejiza el poder establecer unos criterios comunes de intervención que puedan dar respuesta a las situaciones que se deben atender desde una perspectiva de género.

¿Qué se entiende por perspectiva de género? ¿Qué implica en el tercer sector social?

El término perspectiva de género ha ido cobrando fuerza a lo largo de los últimos años en el sector, pero ¿qué se entiende por perspectiva de género? La ONU Mujeres la define como “una forma de ver o analizar que consiste en observar el impacto del género en las oportunidades, roles e interacciones sociales de las personas. Esta forma de ver es lo que nos permite realizar un análisis de género y luego transversalizar una perspectiva de género en un programa o política o en una organización”.

Así, se inicia el debate de cómo incorporar la perspectiva de género en las organizaciones del TSSE en dos niveles diferenciados, pero altamente relacionados entre sí. Por un lado, en relación con la propia organización, su estructura y gestión, partiendo de la premisa de que si se quiere intervenir con perspectiva de género hay que comenzar desde el análisis de la propia estructura de la entidad y cómo resulta la gestión de los procesos laborales desde la mirada de la igualdad (selección, contratación…). Eso requiere repensar la propia estructura, la visión, misión y valores de la entidad y analizar cómo se toman las decisiones y cómo es y cómo ha ido evolucionando la cultura organizacional. Permitiendo así, generar una cultura compartida que establezca como línea estratégica la igualdad de género. Y es aquí, donde cobra especial relevancia el concepto de transversalidad que alude a la necesidad de una implicación integral para incorporar la dimensión de género en todas las actuaciones.

Por otro lado, se debe repensar cómo se desarrolla la intervención y cómo damos respuesta a las diferencias de género (si es que lo hacemos) y a las necesidades específicas de las mujeres destinatarias de los diferentes recursos y servicios de la entidad. Y en todo esto, la investigación juega un papel importante porque de forma directa o indirecta define por qué y cómo deben implementarse los recursos y servicios destinados a dar respuesta a diferentes necesidades.

Históricamente, las problemáticas sociales se han estudiado desde la propia perspectiva de los hombres y cuando se han incorporado las vivencias de las mujeres, de forma general, se han basado en diferencias biológicas dejando a un lado las dimensiones sociales y culturales que influyen en ellas. Este hecho ha generado que existiese una tendencia a estudiar las variables de género desde una perspectiva meramente cuantitativa basándose en el número de mujeres afectadas por una determinada problemática y en cuántas mujeres accedían a los diferentes recursos y servicios. Sin embargo, esta metodología puede conducir a errores interpretativos debido a que el mero cómputo cuantitativo del número de mujeres destinatarias de una intervención no resulta un indicador de calidad de la intervención.  Esto podemos observarlo en multitud y variados casos, mencionamos a continuación dos ejemplos que los ilustran:

  • Ejemplo 1: si analizamos el número de mujeres que se encuentran en situación de sinhogarismo[1] desde una perspectiva meramente cuantitativa, encontraremos que el número de mujeres es mucho menor que el de hombres, según el INE (2022) un 76,7% de hombres frente a un 23,3% de mujeres. Este dato conduciría a una premisa: el fenómeno del sinhogarismo afecta mayoritariamente a los hombres, y si partiésemos de ella, caeríamos en el error de diseñar recursos y servicios destinados a la población masculina y con número muy inferior de plazas específicas para mujeres. Si a la perspectiva cuantitativa, se le añade la cualitativa, dando voz a las mujeres afectadas por la problemática, descubriríamos que son numerosos los motivos por los que el número de mujeres en situación de sinhogarismo aparentemente es mucho menor: invisibilidad de la problemática (suelen situarse en otras tipologías de la clasificación ETHOS[2] como la vivienda insegura o inadecuada), soportar situaciones de violencia por no disponer de medios económicos, miedo a acudir a los recursos y servicios, mayor estigmatización social, recursos que no responden a sus necesidades específicas…

 

  • Ejemplo 2: al igual que en el ejemplo anterior, si analizamos el consumo de drogas basándonos solamente en números, encontraremos que las personas atendidas por adicciones con sustancia son mayoritariamente hombres (según datos del informe de la UNAD del 2023 un 75% frente a un 25%) y que al acceso y/o adherencia[3] a los recursos de las mujeres es muy inferior al de los hombres. Sin embargo, sería muy simplista reducirlo a una cuestión numérica y ahí es donde entra la perspectiva cualitativa que permitiría descubrir las variables que influyen en que las mujeres no accedan a los recursos y servicios: mayor estigmatización social, recursos diseñados mayoritariamente para hombres, ejercer el rol de cuidadora a pesar de su problemática, falta de apoyo sociofamiliar, consumo invisibilizado en el hogar por la privacidad del mismo…

A través de estos ejemplos, se pretende visibilizar que el análisis de género va mucho más allá y parte de un conocimiento no solo cuantitativo de la realidad, permitiéndonos conocer, comprender y visibilizar las diferencias y desigualdades de género que pueden afectar la intervención social que vayamos a poner en práctica. No se trata solamente de una herramienta diagnóstica sino una base para transformar las relaciones de género. Si observamos cualquier ámbito de nuestra acción social, lo hacemos con el compromiso implícito de analizar para cambiar y mejorar la realidad. Por tanto, no resulta suficiente con tomar conciencia o poner de manifiesto los problemas de género, sino que hay que actuar sobre ellos para avanzar en términos de igualdad y establecer estrategias de acción, que rompan estos mecanismos (González Maza, Albano Redondo y Sanz, 2022).

Al igual que se destacaba la importancia de la transversalidad en la incorporación de la perspectiva de género, se debe introducir el concepto de interseccionalidad. Se trata de una herramienta analítica que reconoce que las desigualdades sistémicas se configuran a partir de la superposición de diferentes factores sociales como el género, la etnia y la clase social. En consecuencia, tanto las desventajas como privilegios que tiene una persona en un momento y lugar determinados no pueden entenderse examinando de forma aislada los diversos elementos de su identidad. Por ejemplo, la intervención que debe realizarse con una mujer víctima de violencia machista ¿debe estar únicamente basada en que sufre violencia? ¿todas las mujeres tienen el mismo concepto de violencia? ¿conlleva el mismo proceso de intervención si a dicha problemática se le añaden otras cuestiones como ser una mujer con discapacidad intelectual, ser una mujer racializada, ser una mujer sin documentación, tener barrera idiomática…? ¿se debe, entonces, responder a la problemática desde el mismo enfoque? o en cambio ¿se debe responder a la problemática desde la interseccionalidad?

La mera presencia de mujeres, independientemente del número, en los diferentes momentos de la intervención no asegura que sus necesidades y opiniones sean tomadas en cuenta, ni que la calidad de la intervención promueva una mayor autonomía y fomente procesos de empoderamiento.

Por ello, la intervención desde una perspectiva de género interseccional establece como premisa que, en primer lugar, reflexionemos sobre la especificidad de cada mujer y no establezcamos la categoría mujer como homogénea. En segundo lugar, evidencia que con analizar la variable género no es suficiente y que se deben tener en cuenta otras variables como la edad, la cultura, el origen, la diversidad sexual, la funcional o la salud mental, y, en tercer lugar, que se preste atención a cómo se ha construido la persona a través de la socialización a través de los siguientes aspectos (Bizitegi, 2023):

  • Cognición: valores, ideas y creencias a través del afrontamiento y atribución de los mismos.
  • Emoción: cómo vive lo que le pasa, cuáles son las emociones expresadas y las que no, las que identifica y las que no, las que se permite y las que no.
  • Experiencias internas y externas: cómo gestiona y en qué trasforma las emociones en relación a cómo se ha socializado en base a esos valores, ideas y creencias.
  • Compartimento y relaciones: cómo se muestra y cómo se relaciona con ella misma, con el resto de personas que comparten recurso y con las personas profesionales.
  • Sexualidad: identidad, orientación, género, deseo, erótica, relaciones afectivo sexuales y cuerpo.

También resulta necesario cuidar el espacio donde se establece la intervención priorizando que la mujer lo sienta como un espacio propio y seguro, fomentando a su vez, que se genere un vínculo basado en la empatía y la cercanía evitando cualquier juicio de valor, estigmatización y, sobre todo, la revictimización de las mujeres.

Claves y referencias para la reflexión en el TSSE

Introducir e implementar la perspectiva de género desde la transversalidad y la interseccionalidad no resulta sencillo en ningún ámbito, pero en el TSSE se añade una dificultad: la propia heterogeneidad y diversidad del sector. Esto requiere de una reflexión y un posicionamiento compartido como sector, pero también de una reflexión específica en función de la contingencia o colectivo atendido y el ámbito de actuación de la entidad.

A su vez, necesita de espacios de reflexión conjunta que incluyan no solo a la dirección o gerencia de las entidades sino también a los y las profesionales y a las personas destinatarias.  A pesar de ser un sector que se caracterice por una rápida capacidad de respuesta y adaptación ante nuevas necesidades, esto no resulta sencillo debido a que implica, como se ha comentado con anterioridad, a cambios profundos en la cultura organizacional y en los procedimientos de actuación en cuanto al diseño de los recursos y servicios, la implementación, la flexibilidad, los criterios de acceso y la evaluación de los mismos. Por tanto, precisa de procesos costosos no solo en cuanto a tiempo sino en cuanto a medios materiales y económicos que permitan profundizar en estas cuestiones.

Basándonos en palabras de Patricia Martínez Redondo (2023) os invitamos a reflexionar sobre el análisis que realizamos de la realidad de género. Si la concebimos como algo previo, preexistente, que está de alguna manera esperando que la describamos y la interpretemos, olvidaremos que es algo construido y podremos perder así, la premisa de que todo lo construido se puede deconstruir.

Si algo caracteriza la identidad y la trayectoria del TSSE es su capacidad de reivindicación y denuncia a través de la implicación y participación de diferentes agentes sociales y estas acciones, en la igualdad de género, son fundamentales para seguir avanzando porque proporciona espacios de reflexión y espacios donde las mujeres puedan alzar la voz.

Por último, os dejamos algunas referencias de informes y estudios con perspectiva de género que ofrecen claves interesantes y permiten profundizar en la importancia de su incorporación:

Harresiak Apurtuz: impacto del Covid-19 en las mujeres migradas:

https://www.harresiakapurtuz.org/wp-content/uploads/2022/12/LIBRO-HARRESIAK.pdf

AVIFES: Investigación sobre la calidad de vida de las mujeres con enfermedad mental

https://avifes.org/wp-content/uploads/2019/05/AVIFES_supportingwomen.pdf

Bizitegi: Perspectiva de género e interseccionalidad en la intervención social. Impacto de la socialización de género en los procesos de exclusión social grave.

https://www.bizitegi.org/wp-content/uploads/2023/03/Bizitegi_Perspectiva-genero_cas.pdf

EAPN: Check-list para la integración de la perspectiva de género en la elaboración de documentos

https://www.eapn.es/publicaciones/370/check-list-para-la-integracion-de-la-perspectiva-de-genero-en-la-elaboracion-de-documentos

EHLABE: Estudio cualitativo sobre la situación laboral de las mujeres con discapacidad intelectual y/o trastorno mental https://www.ehlabe.org/upload/memorias/Ellas%20Cuentan_Memoria.pdf

LARES Y UNAD: Personas mayores y adicciones: diagnóstico de LARES y UNAD con perspectiva de género https://www.euskadi.eus/gobiernovasco/contenidos/documentacion/doc_sosa_personasmayoresadicci/es_def/index.shtml

ONCE: Guía para la incorporación de la perspectiva de género y discapacidad en la programación del Fondo Social Europeo https://biblioteca.fundaciononce.es/publicaciones/colecciones-propias/programa-operativo/guia-para-la-incorporacion-de-la-perspectiva-de

ONGD Euskadi: Sistema-evaluación del proceso para la incorporación de la perspectiva de género en las ONGD vascas https://www.ongdeuskadi.org/publicacion/sistema-evaluacion-proceso-para-la-incorporacion-perspectiva-genero/

REAS: Guía para comunicar con perspectiva de género. https://reaseuskadi.eus/reas-euskadi-da-sus-primeros-pasos-para-construir-otras-formas-de-comunicacion-que-incorporen-la-perspectiva-feminista/

Universidad de Deusto: Guía para la incorporación de la perspectiva de género en la docencia y la investigación

https://www.deusto.es/document/deusto/es/guia-incorporacion-perspectiva-genero-docencia-investigacion.pdf

UNAD: Estudio exploratorio con perspectiva de género sobre factores asociados al juego patológico

https://www.generoydrogodependencias.org/2022/10/21/estudio-exploratorio-con-perspectiva-de-genero-sobre-factores-asociados-al-juego-patologico/

FEDEAFES: Diagnóstico sobre la situación frente a la igualdad de hombres y mujeres. Estudio que incluye la dimensión de género en los problemas de salud mental y los efectos de la discriminación a la mujer.

https://consaludmental.org/centro-documentacion/diagnostico-igualdad-mujeres-fedeafes/

FEVAS: accesibilidad cognitiva en clave de género

https://www.plenainclusion.org/noticias/accesibilidad-cognitiva-en-clave-de-genero/

EMAKUNDE: Guía para la incorporación de la perspectiva de género en los contratos públicos, las subvenciones públicas, los convenios y los conciertos sociales

https://www.emakunde.euskadi.eus/informacion/guias/webema01-contentpubli/es/

 

 

Bibliografía

Bizitegi. (2022). Perspectiva de género e interseccionalidad en la intervención social. Impacto de la socialización de género en los procesos de exclusión social grave. Bilbao .

González Maza, A. M., Albano Redondo, M., & Sanz, N. (2022). Incorporación del enfoque de género en la intervención social.

INE. (2022). Encuesta a las personas sin hogar . https://www.ine.es/prensa/epsh_2022.pdf

Observatorio Vasco del Tercer Sector Social. (Diciembre de 2021). Barómetro 2021 del Tercer Sector Social de Euskadi. Disponible en: https://3seuskadi.eus/wp-content/uploads/Informe_BAROMETRO2021_DEF.pdf

Observatorio Vasco del Tercer Sector Social (2022). Libro Blanco del Tercer Sector Social de Euskadi 2020. Disponible en: https://3seuskadi.eus/wp-content/uploads/LibroBlanco_DEF_2019-2020_es-comp.pdf.

Redondo, P. M. (Diciembre de 2023). Género y drogodependencias. Obtenido de Género y drogodependencias: https://www.generoydrogodependencias.org/

UNAD. (2022). Perfil de las adicciones en 2022. https://www.unad.org/investigacion/perfil-de-las-adicciones/

 

[1] Para profundizar en estas cuestiones consultar el trabajo realizado desde Bizitegi: https://www.bizitegi.org/wp-content/uploads/2023/03/Bizitegi_Perspectiva-genero_cas.pdf

[2] Para obtener mayor información: https://www.uv.es/laboratorio-sociales-sociallab/es/observatorios-sociedad-valenciana/personas-hogar/metodologia/tipologia-ethos.html

[3] Para profundizar en estas cuestiones: https://www.generoydrogodependencias.org/2020/07/29/mujeres-adiccion-abandonan-tratamiento/