La diputada general de Gipuzkoa, Eider Mendoza, y la diputada de Cuidados y Políticas Sociales, Maite Peña, han presentado hoy los resultados del estudio ASCOT (Adult Social Care Outcomes Toolkit), una investigación pionera impulsada por la Diputación Foral de Gipuzkoa que permite conocer, con evidencia científica, cómo influyen los cuidados en la calidad de vida de las personas mayores en situación de dependencia atendidas en residencias y en sus propios hogares.
Eider Mendoza, diputada general de Gipuzkoa, ha afirmado que la principal conclusión que recoge el estudio es que una mayor calidad de vida “no depende solo” de una mayor oferta de recursos y servicios, sino que los resultados son mejores si los cuidados son “personalizados, continuos y respetuosos con las preferencias de las personas mayores, y si favorecen los vínculos comunitarios”. Y, en ese sentido, ha subrayado que esta conclusión coincide “plenamente” con el impulso y el esfuerzo que se está haciendo en Gipuzkoa: “Una transición decidida hacia un modelo de cuidados más personalizado, estrechamente ligado a la comunidad e innovador”.
Además, ha incidido en la importancia de evaluar y medir la calidad de vida de las personas atendidas por los servicios y recursos sociales, para así “dar un salto determinante” en la mejora del propio sistema. Para ello, ha resaltado que “resulta imprescindible y muy relevante” la creación de Agentzia, una Agencia “independiente” para la Calidad y la Evaluación de las Políticas Sociales de Gipuzkoa.
Una primera fotografía de la calidad de vida
El estudio permite obtener, por primera vez, un indicador objetivo sobre la calidad de vida relacionada con los cuidados de las personas mayores en situación de dependencia atendidas por los servicios sociales de Gipuzkoa.
Los resultados muestran que el 57,4 % de las personas atendidas en su domicilio afirma tener una buena calidad de vida, porcentaje que asciende al 74,5 % entre las personas residentes en centros residenciales. No obstante, el propio estudio señala que ambos resultados no son directamente comparables, ya que la metodología de recogida de información ha sido diferente en cada ámbito de atención. Su principal valor reside, precisamente, en identificar qué factores explican una mejor calidad de vida en cada uno de ellos y cómo esa evidencia puede orientar la mejora de las políticas públicas.
En el ámbito residencial, el estudio identifica la atención centrada en la persona como uno de los factores con mayor influencia sobre la calidad de vida. Las personas que perciben que sus deseos y preferencias son muy tenidos en cuenta obtienen una mejora de 0,17 puntos en el índice ASCOT, una diferencia estadísticamente significativa que confirma que personalizar la atención repercute directamente en su bienestar.
Del mismo modo, los centros con una mayor participación comunitaria obtienen mejores resultados de calidad de vida: cada incremento en este indicador se asocia con una mejora de casi un punto (0,96) en el índice ASCOT. La investigación concluye, además, que disponer de oportunidades para salir del centro, mantener el contacto con la comunidad y desarrollar el proyecto de vida de acuerdo con las propias preferencias influye de forma significativa en la calidad de vida de las personas residentes. Por el contrario, variables como el tamaño del centro, el modelo de gestión o su ubicación no muestran una relación significativa con los resultados obtenidos.
En la atención domiciliaria, el estudio evidencia que la calidad de vida mejora cuando las personas cuentan con una red de apoyos continuada, coordinada y adaptada a sus necesidades. Una mayor frecuencia de atención —procedente de apoyos formales, informales o de la combinación de ambos— se asocia con mejores resultados, especialmente entre las personas con mayores niveles de dependencia. En este sentido, la investigación pone de manifiesto que recursos como la Prestación Económica de Asistencia Personal (PEAP) o la asistencia a centros de día favorecen esa continuidad de los cuidados, permitiendo que las personas permanezcan en su hogar con mayores niveles de autonomía, bienestar y seguridad.
En conjunto, los resultados del estudio apuntan a una misma conclusión: mejorar la calidad de vida no depende exclusivamente de incrementar la oferta de recursos, sino de garantizar que los cuidados sean personalizados, continuados, respetuosos con las preferencias de cada persona y capaces de mantener sus vínculos familiares, sociales y comunitarios.
Una metodología pionera para medir el impacto real de los cuidados
El estudio parte de una premisa clara: la calidad de un sistema de cuidados no debe medirse únicamente por el número de plazas o prestaciones que ofrece, sino por su capacidad para mejorar la vida de las personas.
Con este objetivo, la Diputación Foral de Gipuzkoa ha impulsado uno de los mayores procesos de evaluación realizados hasta la fecha en el ámbito de los cuidados de larga duración, aplicando por primera vez a gran escala en Euskadi y en el conjunto del Estado la metodología internacional ASCOT (Adult Social Care Outcomes Toolkit), en su primera utilización en castellano y validando además su versión en euskera.
Esta herramienta permite medir el impacto real de los cuidados en la calidad de vida, evaluando aspectos como la autonomía, la seguridad, el bienestar emocional, el control sobre la propia vida, las relaciones personales, la participación en la comunidad y la dignidad. En el estudio han participado 3.025 personas mayores de 65 años en situación de dependencia —1.983 atendidas en su domicilio y 1.042 en centros residenciales—, en colaboración con ayuntamientos, centros residenciales y profesionales de los servicios sociales, combinando las valoraciones de las personas usuarias con datos administrativos para obtener una evaluación rigurosa y basada en la evidencia.
Radiografía sobre cómo viven las personas mayores con dependencia en Gipuzkoa
El estudio ofrece, también por primera vez, una visión detallada de la realidad de las personas mayores en situación de dependencia atendidas por los servicios sociales de Gipuzkoa. De las 34.070 personas que reciben una prestación o un servicio, se ha encuestado a 3.025, que han participado en la investigación. Estas presentan una edad media de 82,6 años —81,9 años entre quienes viven en sus domicilios y 83,9 años entre las personas residentes en centros residenciales— y muestran elevados niveles de dependencia para las actividades básicas de la vida diaria. Al mismo tiempo, los resultados evidencian la importancia de la red de apoyos familiares y sociales como un elemento esencial para su bienestar.
La investigación refleja que las limitaciones funcionales forman parte de la realidad cotidiana de muchas de estas personas. El 20,8% no puede caminar de forma autónoma, el 24,8% no puede realizar su aseo personal, el 37,1% no puede vestirse sin ayuda y el 27,3% no puede utilizar el teléfono. Además, alrededor del 70% presenta dificultades para preparar alimentos o realizar las tareas domésticas, lo que pone de manifiesto la necesidad de contar con apoyos continuados que garanticen una vida digna y autónoma.
El estudio también pone el foco en el estado de salud y el bienestar emocional. El 43,5% de las personas encuestadas considera que su estado de salud es regular. En el caso de quienes viven en sus domicilios, el 39,9 % manifiesta sentirse leve o moderadamente ansioso o deprimido y un 7,5 % presenta niveles muy o extremadamente elevados de ansiedad o depresión. En las residencias, estos porcentajes son más moderados, y se sitúan en el 34,1% y el 4,1%, respectivamente, evidenciando la importancia de reforzar el acompañamiento emocional como parte de los cuidados.
Los datos muestran asimismo el peso que continúa teniendo el entorno familiar en el sistema de cuidados. Más de la mitad de las personas atendidas en sus domicilios (51,1%) recibe apoyo de un familiar conviviente; un 30% cuenta con la ayuda de familiares no convivientes y un 13,5% dispone del apoyo de una persona cuidadora interna. Además, el 42,3% combina distintas fuentes de apoyo y seis de cada diez personas (60,8 %) reciben ayuda de forma continuada durante todo o casi todo el día.
En el ámbito residencial, el estudio evidencia también oportunidades de mejora relacionadas con la participación y la conexión con el entorno. Casi seis de cada diez personas consideran que su Plan de Atención Individualizado (PAI) recoge la mayoría o algunas de las cuestiones que consideran importantes para su vida, y el 59,9 % percibe que las personas profesionales tienen muy en cuenta sus deseos y preferencias en la atención que reciben.
Agentzia: un paso decisivo en la evaluación de las políticas sociales
Los resultados del estudio ASCOT refuerzan el proceso de transformación del modelo de cuidados que Gipuzkoa viene impulsando en los últimos años, situando la calidad de vida de las personas como el principal indicador para evaluar el impacto de las políticas públicas. La evidencia obtenida permitirá seguir avanzando en un modelo cada vez más personalizado, comunitario y centrado en las personas, orientando la toma de decisiones desde el conocimiento y la mejora continua.
Este trabajo constituye, además, la base sobre la que la Diputación Foral de Gipuzkoa seguirá consolidando una cultura de evaluación de las políticas sociales con la puesta en marcha de Agentzia, la Agencia para la Calidad y la Evaluación de las Políticas Sociales de Gipuzkoa, que será presentada el próximo 2 de septiembre en Tabakalera. El nuevo organismo, independiente, dará continuidad a esta apuesta por medir el impacto real de los cuidados en la calidad de vida de las personas y utilizar esa evidencia para seguir fortaleciendo el sistema de servicios sociales del territorio.






