Fecha: 26/07/2026
Fuente: Noticias de Gipuzkoa
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Tras más de cuatro décadas de trayectoria como una de las entidades de referencia en Gipuzkoa en los ámbitos de la inclusión social y la sostenibilidad ambiental, la Fundación Emaús da paso a una nueva etapa bajo el nombre de Batuz Gizarte Fundazioa. Lejos de tratarse únicamente de un cambio de identidad, la organización que dirige Aitziber Zubillaga busca reforzar un modelo de trabajo más comunitario, basado en la colaboración entre instituciones, entidades y ciudadanía para construir comunidades más inclusivas, cohesionadas y sostenibles.

¿Por qué decidieron dar este paso y qué representa esta nueva identidad?

El cambio nace de un proceso de reflexión que iniciamos para preguntarnos cómo podíamos responder mejor a las necesidades que tiene hoy nuestra sociedad. Desde hace 45 años trabajamos sobre dos grandes pilares, la inclusión social y el cuidado del medio ambiente, y durante ese proceso llegamos a la conclusión de que, de cara al futuro, nuestra mejor aportación pasaba por ir un paso más allá. Ese “ir más allá” significa trabajar para impulsar una transformación comunitaria que contribuya a construir comunidades más inclusivas, más justas, más cohesionadas y también más comprometidas con el medio ambiente. Hasta ahora hemos acompañado a muchas personas en procesos de inclusión después de haber vivido situaciones de exclusión social. Seguiremos haciéndolo, por supuesto, pero queremos poner mucho más énfasis en fortalecer las comunidades para que sean ellas mismas las que sostengan esos procesos y, sobre todo, para intentar que muchas personas no lleguen a situaciones de exclusión.

Más que un cambio de nombre, ¿era también una manera de explicar mejor quiénes son y qué hacen?

Exactamente. Emaús es una marca compartida por un movimiento internacional formado por más de 400 entidades. Compartíamos una identidad común, pero eso hacía más difícil explicar cuál era el trabajo concreto que realizábamos aquí, en nuestro territorio. Nosotros somos una fundación profundamente arraigada en Gipuzkoa y en Euskadi, y queríamos que esa realidad se entendiera mejor. Nuestro propósito es que la sociedad conozca con mayor claridad el trabajo que ya venimos realizando desde hace décadas y que también identifique esta nueva apuesta por fortalecer el trabajo en red y la transformación comunitaria. Por eso necesitábamos una marca propia, capaz de expresar de manera más directa quiénes somos y cuál es la labor que desarrollamos.

Evolución

¿Este nuevo rumbo supone una ruptura con el trabajo realizado hasta ahora o es una evolución natural de la fundación?

Es claramente una evolución. Los dos grandes ejes que han definido la fundación durante estos 45 años siguen siendo exactamente los mismos: la inclusión social y el compromiso ambiental. Eso no cambia. Lo que hacemos ahora es profundizar en una línea de trabajo que ya existía, pero dándole mucha más fuerza. Hasta ahora nos hemos centrado especialmente en acompañar procesos individuales de inclusión. A partir de ahora queremos reforzar mucho más la dimensión comunitaria. Eso significa trabajar de una manera mucho más estrecha con entidades culturales, educativas, sociales y con muchos otros agentes del territorio para que la inclusión deje de entenderse únicamente como una cuestión de los servicios sociales. Nos gustaría que toda la sociedad sintiera que este es un reto compartido y que cada persona, tanto desde su vida personal como desde su ámbito profesional, puede contribuir a construir comunidades más inclusivas.

Evolución

¿Este nuevo rumbo supone una ruptura con el trabajo realizado hasta ahora o es una evolución natural de la fundación?

Es claramente una evolución. Los dos grandes ejes que han definido la fundación durante estos 45 años siguen siendo exactamente los mismos: la inclusión social y el compromiso ambiental. Eso no cambia. Lo que hacemos ahora es profundizar en una línea de trabajo que ya existía, pero dándole mucha más fuerza. Hasta ahora nos hemos centrado especialmente en acompañar procesos individuales de inclusión. A partir de ahora queremos reforzar mucho más la dimensión comunitaria. Eso significa trabajar de una manera mucho más estrecha con entidades culturales, educativas, sociales y con muchos otros agentes del territorio para que la inclusión deje de entenderse únicamente como una cuestión de los servicios sociales. Nos gustaría que toda la sociedad sintiera que este es un reto compartido y que cada persona, tanto desde su vida personal como desde su ámbito profesional, puede contribuir a construir comunidades más inclusivas.

Ha vivido este proceso prácticamente desde el principio como directora de la fundación. ¿Cómo lo ha experimentado personalmente?

Lo estoy viviendo como un proceso muy profundo. Lo que realmente nos mueve es la convicción de que todo este cambio puede ayudarnos a generar un mayor impacto en la sociedad. Esa idea es la que nos anima y también la que nos ilusiona. No ha sido un camino sencillo. Todo proceso de transformación exige un esfuerzo añadido al trabajo cotidiano y, lógicamente, también aparecen dificultades. Pero no estamos hablando de un cambio improvisado. Este proceso comenzó en 2021 con una reflexión estratégica muy profunda. A finales de 2023 definimos un plan estratégico que debía guiar esta transformación durante tres años y, solo cuando todos esos cambios internos empezaron a consolidarse, decidimos presentarlos también públicamente mediante la nueva marca.

¿Cree que hasta ahora existía una visión demasiado reducida de lo que hacían?

Puede ser. Muchas personas asociaban Emaús casi exclusivamente a las tiendas de segunda mano, a la recogida de ropa o a la gestión del textil usado. Y, aunque esa labor sigue siendo muy importante, la realidad es que desde la fundación hacemos mucho más. La nueva marca nos está sirviendo como una oportunidad para abrir nuevas puertas, presentarnos ante otros agentes y explicar con mayor claridad cuál es nuestro proyecto. Somos conscientes de que este nuevo posicionamiento no se va a consolidar de un día para otro. Requiere tiempo y también requiere que muchas personas nos ayuden a transmitir ese mensaje. En ese sentido, el papel de los medios de comunicación y de todas las personas que nos dais voz resulta fundamental para que la sociedad conozca mejor lo que hacemos. Pero, más allá de la comunicación, también estamos hablando de un cambio que implica una reflexión profunda. Yo vengo de otros ámbitos profesionales y, cuando hablamos de inclusión, en realidad estamos hablando de valores y de cómo entendemos la convivencia como sociedad. Nos obliga a preguntarnos por qué hay personas que se quedan atrás y qué responsabilidad tenemos cada uno de nosotros ante esa realidad.

¿Qué objetivos se marcan para los próximos años?

Estamos terminando de evaluar el plan estratégico 2024-2026 y ya hemos empezado a trabajar en el siguiente, que abarcará el periodo 2027-2029. Lo estamos haciendo de una forma muy participativa, implicando a toda la organización. Creemos que esa manera de trabajar, basada en la escucha y en la participación, también forma parte de la transformación que estamos impulsando. El siguiente paso consiste en que Batuz sea una marca cada vez más reconocida y que todos los proyectos que estamos poniendo en marcha puedan consolidarse y crecer. Queremos profundizar especialmente en esa visión transversal de la inclusión, haciendo que esté presente en ámbitos como la cultura, la educación, la salud o la vivienda. Más que acumular proyectos, queremos impulsar procesos.

Futuro

¿Cómo te gustaría ver Batuz dentro de diez años?

Me gustaría ver una fundación completamente integrada en las comunidades donde trabaja. Una organización que mantenga relaciones sólidas de confianza con los agentes locales y donde la inclusión haya dejado de entenderse únicamente como una responsabilidad de los servicios sociales.

El propio nombre de la fundación parece resumir ese mensaje. ¿Ese es el llamamiento que quieren hacer a la sociedad?

Ese es el sentido de Batuz: sumar y construir unidos. Queremos invitar a toda la sociedad a sumarse a este camino. La inclusión no puede recaer únicamente sobre unas pocas organizaciones o sobre los servicios sociales. Tiene que convertirse en un compromiso compartido.