La Diputación fue escenario ayer de una nueva reunión de la Mesa Interinstitucional de Servicios Sociales, un foro de carácter trimestral que, en esta ocasión, puso el foco en el problema del sinhogarismo, un fenómeno creciente. La cita, en la que participaron la Diputación, Eudel y una nutrida representación municipal (acudieron representantes de los ayuntamientos de Donostia, Irun, Errenteria, Orio, Azpeitia, Eibar, Deba, Urretxu, Hernani, Gaintza, Orexa y Leintz-Gatzaga) sirvió para trazar las líneas maestras de un abordaje que se pretende sea mancomunado.
Curiosamente, el encuentro se celebró en una jornada marcada por el anuncio del Ayuntamiento de Donostia de prohibir las denominadas “cenas solidarias” en determinados puntos de la ciudad. Fuentes forales confirmaron que este asunto no formaba parte del orden del día oficial de la Mesa Interinstitucional, que centró sus esfuerzos en el diseño estratégico a medio y largo plazo más que en la contingencia inmediata de las calles de la capital.
Según ha podido saber este diario, el principal avance de la cumbre institucional fue la consolidación de la nueva estrategia territorial. El objetivo de las instituciones guipuzcoanas ya no se limita a gestionar las consecuencias de la exclusión severa, sino a prevenirla. Según los diagnósticos elaborados por los expertos y compartidos en la reunión, el territorio se enfrenta a un cambio evidente tanto en el perfil como en el flujo de las personas que pernoctan en la calle.
Acogida e inclusión
Esta mutación de la realidad del sinhogarismo hace poco eficaces las viejas recetas. La Mesa coincide en que la situación actual exige respuestas mucho más tempranas. Se busca detectar y ayudar a aquellas personas que se encuentran en el filo de la vulnerabilidad antes de que el abismo de la exclusión social las engulla de forma irreversible. En este sentido, la estrategia de Gipuzkoa pivota sobre la idea de la “acogida inclusiva”.
El propósito es ofrecer recursos de primera necesidad y un acompañamiento integral para que las personas que llegan al territorio con la voluntad de construir un futuro puedan arraigar y arrancar su proyecto de vida en condiciones de dignidad. No se trata solo de un techo y comida, sino de articular un itinerario de inclusión sostenido a través de la formación y la orientación sociolaboral.
Sólido aval
Este nuevo modelo no parte de cero. Gipuzkoa cuenta ya con un sólido aval en la materia. El plan foral Elkar Ekin Lanean, considerado pionero y cimentado sobre la colaboración entre instituciones, entidades del tercer sector, empresas y agentes comunitarios, aborda la exclusión desde un enfoque integral. En lugar de limitarse al asistencialismo, el plan ataca las causas profundas de la desigualdad, combinando el acompañamiento social con el fomento del empleo y el desarrollo local. Los datos respaldan la apuesta. A lo largo de su trayectoria, Elkar Ekin Lanean ha logrado generar 6.511 contrataciones para personas en grave riesgo de exclusión social, demostrando que la inserción laboral es la herramienta más eficaz contra el sinhogarismo.
Sin embargo, las buenas intenciones sobre el papel chocan a menudo con la cruda realidad de la gestión municipal. La Mesa Interinstitucional volvió a poner de manifiesto las fricciones existentes en el reparto de la carga social. El Ayuntamiento de Donostia viene lanzando desde hace tiempo un mensaje directo al resto de corporaciones, en particular las de municipios limítrofes, exigiendo una verdadera “responsabilidad compartida” e implicación real.
Capacidad finita
Ayer, Insausti volvió a emplazar a las localidades vecinas a implicarse en esta cuestión. Al no ofrecer alternativas de acogida, las personas en situación de vulnerabilidad acaban desplazándose ineludiblemente hacia Donostia, el único polo que cuenta con una red de recursos de atención.
El problema, advierten desde la capital, es que la capacidad de absorción no es infinita. Los recursos de Donostia están cada vez más tensionados para hacer frente a una realidad que no deja de crecer y que requiere del esfuerzo solidario.
El último gran recuento conjunto nocturno, realizado simultáneamente en los municipios vascos para radiografiar la situación del sinhogarismo, contabilizó en una sola noche 413 personas durmiendo directamente a la intemperie.






